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[review] Corrosion Of Conformity - No Cross No Crown
Producción90%
Originalidad80%
Visual80%
Gancho85%
84%Nota Final
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Por Nekrokosmos

Novus Deus 1:28
The Luddite 4:39
Cast The First Stone 3:43
No Cross 1:18
Wolf Named Crow 5:12
Little Man 4:31
Matre’s Diem 1:26
Forgive Me 4:06
Nothing Left To Say 6:22
Sacred Isolation 1:22
Old Disaster 4:44
E.L.M. 4:02
No Cross No Crown 3:55
A Quest To Believe (A Call To The Void) 6:01
Son And Daughter 4:53

Pepper Keenan – Voz, guitarra
Mike Dean – Bajo, coros
Woody Weatherman – Guitarra, coros
Reed Mullin – Batería

Si contamos con que Reed Mullin no estuvo presente en el disco “In The Arms Of God”, son unos buenos 18 años desde que Corrosion Of Conformity no graban nada con esta formación. Aunque Corrosion Of Conformity ya tenían un nombre en la escena hardcore/punk con sus primeros lanzamientos, no fue hasta el ingreso de Keenan y su desempeño en discos como “Deliverance” de 1994 y “Wiseblood” de 1996 que la maquinaria de southern metal y stoner echaría a andar para convertirlos en las leyendas que hoy son. La expectativa era máxima para este lanzamiento, y con una sonrisa de oreja a oreja confirmamos que no defrauda.

Olvida esos discos de CoC como trio, olvida el el homónimo de 2012 y el “IX” que le siguió, porque con la salida de Pepper Keenan de Down en 2014, y su puesta a punto en la gira de reunión, “No Cross No Crown” juega totalmente en otra liga. El hecho de que exista ya es emocionante de por sí, y la banda vuelve a trabajar con el produtor John Custer en una bestia Groove post-Sabbath en el estilo sureño de su etapa noventera.

Es un disco de reunión, de reclamar el trono, de poner los pies en la tierra, pero por sobre todo es un disco que han hecho bastante consciente del público al que se dirige. No podían innovar, ni buscar la reacción inmediata del hardcore/punk como trío, sino que necesitaban marinar las composiciones en piezas de 5 minutos o más donde hubiese cabida para el blues, algo de metal, una bolsa llena de riffs sólidos y 57 minutos de ganchos constantes. No busca una respuesta inmediata en la primera escucha, sino que se siente realizada en el descubrimiento constante de capas subterráneas.

Aprendieron bien la lección de la producción de America´s Volume Dealer y esos errores que los llevaron a crucificarse como “unos vendidos”, por lo cual atacan a la yugular con un sonido embarrado como el de su segundo álbum, pero con las bondades de la tecnología actual. Suena duro, como un puñetazo en seco a la cara, pero sin experimentaciones ni intentando apuntarse a nuevas tendencias, sin estar pulido en exceso pero sin sonar barato. Les ha beneficiado bastante salir de gira juntos un par de años antes de meterse a componer y grabar, porque la química ha regresado por todo lo alto, sino solo falta escuchar la genialidad de “A Quest To Believe (A Call To The Void)” que resume ADN CoC por los cuatro costados.

El problema que tienen muchas bandas que se reúnen estos días es el de no sobrevivir a las expectativas que se tienen de ellos por parte de fans anclados dos décadas atrás, y a CoC no se le ha pedido nada más que que vuelvan a ser aquella banda del “Wiseblood”. Aquí lo cumplen a rajatabla, también siendo prudentes y poniendo interludios cada dos canciones, desde “Novous Deus” hasta “The Ludditte”. Sí, no hay innovación, pero tampoco mediocridad, y si querían demostrar que todavía podían hacer lo suyo lo han conseguido.

El dúo rítmico de guitarras de Keenan y Weatherman sigue siendo el sonido mas reconocible de la marca CoC, con temas como “Cast The First Stone” o “A Wolf Name Crow”, pero también deciden tirar por un sonido mas lento y sludge como en “Old Disaster”, algo que junto a ciertos interludios instrumentales hacen que el álbum termine sonando mas pesado de lo habitual. La música y el consumo de la misma ha cambiado bastante desde 1994, y puede que muchas personas encuentren estas secciones como un poco de “relleno”, pero nada mas lejos de la realidad.

Dicho esto también tenemos que reconocer que no estamos ante el disco perfecto. Puede que la segunda parte de su tracklist sea mas débil, y que la canción que da título al álbum suene a ruido de fondo, casi ambiental. Esto sumado a que parecen relajarse en cuanto a ganchos melódicos hacen que cueste mas en convencer al oyente casual, y que no tengan el mismo efecto que el resto de temas con el que abren la lata. A modo personal no hubiese esperado disco mejor para empezar esta nueva etapa post-reunión, y sin duda ocupará un espacio muy especial en su catálogo. Cuando sabes hacer algo, y lo sabes hacer muy bien, puedes repetir la fórmula sin agotarla y crear cosas tan disfrutables como “No Cross No Crown”. CoC están de vuelta, que las bandas amateur vayan cogiendo apuntes.

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