Texto: Vic Granell
Fotos: Vic Granell
Promotor: Burning You! Productions.

Baile de horarios durante las semanas previas al concierto. Los carteles oficiales mostraban apertura de puertas a las 20:30h., cuando en algunas webs la sesión comenzaba a las 22h. Sabemos que Be Good es una de las pocas salas que no cierra religiosamente a medianoche al acabar un concierto, así que al llegar poco antes de las 21h., abrir la puerta y ver cómo aún se hacían las pruebas de sonido, decidimos ir a cenar con calma. Al llegar una hora más tarde, aún tenemos que esperar unos 20 minutos más para que suba la persiana de la entrada, y otros tantos para ver empezar al primer grupo, sin explicación alguna por parte de la organización. Kvasar, banda local, se ocupó de abrir el cartel. Y digo Kvasar porque parece que podrían haber cambiado su nombre recientemente, según refleja el Myspace de la banda, siendo originalmente Quasar (palabra que aparecía en el cartel).

Buscándoles por Internet apareció otro grupo de Barcelona con el mismo nombre, sospechamos que el cambio podría originarse aquí… Psicodelia atmosférica a caballo entre un post-rock actual y bandas de la década de 1970 como Grateful Dead, en un cóctel lleno de dinámica e instrumentación de lo más trabajadas. Frases instroducidas por un instrumento a la que después se le añadían otros, intensos fragmentos llenos de distorsión (que en ocasiones nos recordaron a Isis) seguidos de tranquilos pasajes melódicos. Una batería aprovechando sus escasos elementos a la perfección, interpretando verdaderas virguerías rítmicas llenas de rebotes y contratiempos.

Incluso llegó a sorprendernos enormemente tocando un largo pasaje sin baquetas, usando sus dedos contra los parches de su kit. Numerosos efectos que daban cuerpo a las guitarras y aportaban a la banda matices distintos a cada momento (las pedaleras a los pies de ambos guitarristas contenían arsenales de aparatos), guiados por un bajo que siguió líneas contínuas (y en ocasiones acordes) por debajo de ellas. Recordándonos a tantas bandas de post-rock, los fraseos, interpretados a menudo por un par o tres de los integrantes del grupo, hacían evolucionar los temas haciendo crecer la intensidad de éstos y finalizar con suaves notas que se asemejaban al riff inicial. Propuesta con una clara influencia de los 70s y, a la vez, toques de lo más frescos, de lo más rica en matices, dinámicas y pausas… muy interesante a pesar de la brevedad del concierto (el retraso inicial acortó el tiempo de las primeras dos bandas).

La expectación por Jardín de la Croix parecía ser incluso superior a la de los propios My Own Private Alaska. De hecho, había personas entre el público que nos confesaron no haber escuchado a los cabezas de cartel. Caso inverso al nuestro, que topamos esa noche con un gran descubrimiento. La corta distancia hasta el escenario (Be Good es una sala més bien pequeña) nos permitió disfrutar de cerca de una habilidad técnica envidiable, especialmente por parte de ambos guitarristas. Ya desde las primeras notas del tema que abrió el concierto estaban entrelazadas en ejercicios de tapping (usando ambas manos sobre el mástil), rapidísimas y perfectamente sincronizadas entre Ander y Pablo. Ejercicios de lo más técnicos en los registros agudos de ls guitarras, coros excelentes entre ellas, veloces fraseos incluso con sonido limpio, acordes distorsionados aumentando progresivamente la intensidad de los tema. Rock progresivo instrumental muy potente y con piezas trabajadísimas, paradas originales y perfectamente coordinadas.

Después de tocar el segundo tema, el promotor les avisó de que les quedaban 15 minutos de actuación, cosa que trajo algunos gritos de protesta entre el público y caras de circunstancias en los músicos. Tempos rapidísimos en coasiones, y solos por encima de poderosas guitarras rítmicas en una combinación técnica y potente que llegó a rozar el metal. Un batería interpretando un original juego de platos, levando una sólida base junto con el bajo. Jardín de la Croix aprovecharon bien su cortísimo tiempo, convenciendo a quienes ya les conocían (convencieron más en directo que en sus trabajos de estudio) y sorprendiendo a los que no teníamos expectativa alguna. Una lástima que, viniendo desde Madrid, no pudieran ofrecernos más temas.

My Own Private Alaska son un trío de Toulouse que practican un estilo llamado “screamo”, en una formación muy original, piano eléctrico, batería y voz. Música experimental donde las únicas notas que pueden oirse son las de un teclado, melódico y apocalíptico a la vez, acompañado de una pesada y continua batería, y por encima los gritos de un vocalista que cantó (melódicamente) en ocasiones contadas. Nada más salir al escenario, la actitud de éste último cayó bajo sospecha de rozar la impertinencia. Un golpe al clásico micro Shure SH55 (el “micro de Elvis”) para hacer notar su presencia, seguido de una larga introducción hablada por parte del pianista de la banda, que ya avanzó que a partir de entonces no harían ningún otro comentario entre tema y tema.

A partir de entonces, nos cautivó la interpretación impresionante al piano, que entre la oscuridad disonante y las harmonías luminosas, aportaba un rico contraste repleto de matices neoclásicos y tensiones a la propuesta de MOPA. Un batería llevando básicamente ritmos continuos, ofreciendo algún dibujo curioso de vez en cuando, y sobretodo, tocando sy kit con una intensidad brutal. La voz fue el instrumento peor interpretado del trío, pues mostró muy poca solidez en la voz gutural y afinación dudosa en los pasajes melódicos. Hubo también un par de episodios de conflicto entre el vocalista y el público, pues éste no aguantó bien que habláramos durante el concierto, y llegó a gritar un rabioso “Shut up!!!!” durante un silencio. Pocas habilidades sociales para ser un frontman…

Cada tema transmitía una concentración de sentimientos muy fuerte, tanto por sus letras y su música, como por la entrega de los tres miembros del grupo sobre el escenario. Incluso antes del concierto se bajaron las luces de la sala al mínimo y se colocaron cuadros sobre el escenario. El setlist se compuso de I Am an Island, Die For Me, Amen, After You y dos o tres temas del álbum que la banda está punto de sacar al mercado. Además, incluyeron su particular versión del My Girl de Nirvana, aún más depresiva y decadente que la original, en buena parte gracias a la voz chirriante añadida. Un buen concierto y una propuesta de lo más interesante, que ganó proximidad y sentimiento en directo, pero tambíén un cierto cojeo en algunas partes vocales. Esperamos que el inminente siguiente disco nos vuelva a sorprender.

FOTOS: http://www.goetiametal.com/cronicas/mopaenbarcelona2010.html

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