Es impresionante ver como el director griego Yorgos Lanthimos mantiene de una pieza este film llamado “Canino”. Lo que podría haber sido una insufrible performance de arte es sin duda una trama bastante viva de pasajes de horror en cuanto al comportamiento humano. Mas de uno podría aplicarle una alegoría política a la historia, pero creo que al fin y al cabo es mas magnética como un estudio de la enfermedad psicológica que trata del control de los padres sobre los hijos.

Con secuencias de abrupta violencia e interacciones sexuales bastante gráficas, Lanthimos mantiene “Canino” en ebullición, nunca perdiendo el hilo por seguir un simple camino de provocación. En su lugar la imagen arrastra lentamente al espectador a ese infierno de lugar de la desinformación, enseñándonos a tres “niños” en su día a día jugando a juegos peligrosos, encontrando su curiosidad natural que ha sido amputada por los padres, y manteniéndose alerta ante cualquier nuevo miedo que pueda presentar el exterior. Las actuaciones son creíbles y excepcionales, capturando un torbellino de actividad mental entre los hijos y el padre. Realidad en estado puro.

Un preciso, escalofriante y confuso drama cuya narrativa excita a todos los sentidos. Lanthimos examina los asuntos de control, abuso, imaginación y manipulación con un toque suburbano, en el seno de una familia de clase media repleta de lenguaje retorcido, confusión sexual y miedo infundado. Las cosas tan normales a nosotros como la televisión, las mascotas, los aviones o las fiestas son aquí redefinidas como herramientas a través de las cuales las autoridades (en este caso los padres) se sirven para frenar la madurez de quienes siempre quieren tener bajo control.

Mezclando la imaginación retorcida de Luis Buñuelo y el delicioso humor negro de Roald Dahl, este cuento griego cuenta con la premisa de unos padres sobre protectores de demencia infinita. Mamá y Papá gobiernan su espacioso y amurallado hogar como unos dictadores, instruyendo a sus niños adultos en su visión del mundo. Los hijos siguen las reglas con incuestionable fidelidad, nunca aventurándose al mundo exterior, pero esta burbuja se empieza a rajar cuando un extraño de ese mundo introduce a sus vidas experiencias de más allá del muro…la rebelión y el caos empiezan a asomar la cabeza.

Uno puede inclusive llegara a asociar este film como una declaración anti-autoritaria a la par que con el surrealismo mas directo. En el final es una divertida pelicular artística que sostiene el espejo roto hacia una de las creencias mas apreciadas sobre la unidad familiar. Imperdible la mímica hacia Rocky Balboa de la hija mayor…impagable. Para fans de Lars von Trier.

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