Texto: Mariano Bacigaluppi
Fotos: Vintage Caravan

Conocer bandas de forma curiosa pareciera ser una constante en mi vida. Recuerdo aquella vez que estando en Granada y cercano a la madrugada lo único que había para comer era un desierto Telepizza. Tan solo se encontraba el dependiente, que a la vez era el mismo que hacía las pizzas, pero lo más curioso era la música que sonaba, bastante alta por cierto… Y así fue como conocí a los suecos de A.C.T…

La semana pasada me encontraba por Ourense por trabajo, sí por mi trabajo suelo ser un Willy Fog de la geografía española, y me encontraba en esa acogedora ciudad gallega y caminando de vuelta al hotel en el que me alojaba veo un cartel por la calle y obviamente capturó mi atención. Algo completamente psicodélico donde dos especies de osos polares, algo mutantes eso sí, tiraban de un tornasolado carro y con la leyenda de THE VINTAGE CARAVAN y en menor medida, pero no menos importante, la palabra VOYAGE. Por el grafismo, las palabras y todo parecía un auténtico viaje a los 70s, mi década favorita varios de vosotros los sabéis, seguí bajando la mirada en el cartel y decía Miércoles 3 de Septiembre – 21.00hs – Sala Berlín y curiosamente me encontraba en ese mismo día y a dos horas de la hora señalada. Subí deprisa al hotel, portátil en mano y a bucear por Youtube. Tan solo veinte segundos me convencieron, y siguiendo el cotilleo, ésta vez en Facebook, descubrí que provenían de Islandia y que estaban de gira en una extensa gira por la península visitando Lisboa, Madrid, Barcelona, Zaragoza y localizaciones tan atípicas como Ourense, Cangas, Gijón y Hondarribia. Ducha rápida, cervezas previas por lo bares aledaños y al concierto sin pensarlo un solo segundo.

Sobre las veintidós horas estos tres veinteañeros saltaron al escenario y lo primero que pensé al respecto fue… ¿Tomaron prestado el Delorean del Doc Brown viajaron a finales de los 60s, estuvieron unos añitos y volvieron a su Islandia natal? O bien, volviendo a la realidad fuera del Sci-Fi, en cambio de nanas se las pasarían jugueteando entre vinilos de Zeppelin, Sabbath, Cream, Purple y Hendrix… No sólo el sonido me sorprendería, sino la arrolladora actitud de un contundente Gudjon Reynisson tras los parches, un inquieto y extraordinario Alex Örn al bajo y un perfeccionista y minucioso Óskar Logi a las seis cuerdas y a la voz. Costaba creer la edad de decían tener, la experiencia y la contundencia arriba del escenario y ya el viaje a los 70s es para abrir un párrafo aparte.

Poco a poco fueron desgranando uno a uno las canciones de su único disco hasta la fecha, que por cierto se ha editado a principios del corriente mes de Septiembre. Mucha psicodelia, Rock blusero y todo lo que os podáis imaginar de la década prodigiosa. Poderoso comienzo con Craving poseedor de un riff que una semana después sigue taladrándome los sentidos, Midnight Meditation si hubiera salido en cualquier disco de Black Sabbath o Deep Purple seguramente sería hoy partícipe de cualquier Greatest Hits que sacaran. Mención aparte del trabajo del bajista Alex Örn… ¡Un verdadero ANIMAL!

Prosiguieron con la divertida y ganchera Cocaine Sally, rocanrolera y sesentera a tope y una verdadera declaración de intenciones en menos de ciento ochenta segundos… Con The King’s Voyage la psicodelia se hizo más presente que nunca y en sus más de diez minutos las atmósferas fueron deslizándose una tras otra, desde las más tajantes a las más experimentales y ácidas… Psychedelic Mushroom Man continúa un poco con la parte ácida antes comentada y de cabo a rabo parece una canción sacada de la chistera del gran Jimi Hendrix y mi favorita de la banda y de todo el concierto… Valió la pena el dolor cervical al día siguiente… 🙂

M.A.R.S.W.A.T.T es salvaje de principio a fin, una canción de directo donde los asistentes, menos de cien personas, lo dieron todo y a la banda se la veía no solo entregada sino disfrutando de lo que estaban haciendo. Otro riff tajante y categórico vino de la mano de Expand Your Mind y quizás el mejor de los solos que el guitarrista Óskar Logi se marcó durante toda la noche. Winterland, canción que cierra el disco, es nostálgica, melancólica y si lo que querían conseguir con esta canción es reflejar de donde provienen lo han conseguido y con creces. Atento al solo blusero que nos hará pensar inmediatamente en Eric Clapton y su paso por Cream.

Let Me Be fue otra de las contundentes y salvajes. El final se acercaba y la elegida fue Know Your Place, canción que no aparece en el álbum y donde bajo y batería fueron marcando cada uno de los compases de una forma decisiva e irrebatible. Cerca de setenta y cinco minutos llenos de Rock, de psicodelia y de mucho espíritu adolescente y setentero. A la salida no tuve más alternativa que hacerme con su disco, editado por Nucleablast por cierto, y seguir enganchado a ellos.

Si ellos fueran el futuro del Rock… Estaría más que asegurado…

HACER COMENTARIO A TRAVES DE FACEBOOK

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.