Texto: Nati P Taviel de Andrade

“Calidad musical”, “enorme talento”, “directo íntimo y sobresaliente” son algunas de las descripciones que podríamos utilizar para hablar de la experiencia vivida el pasado Jueves en la sala SO36 de Berlín.

Una noche en la que un público pequeño, pero tremendamente fiel y  entregado tuvo la oportunidad de disfrutar de un espectáculo de diez de la mano de Sully Erna. El cantante de Godsmack dejó de lado su parte más agresiva y enérgica para deleitarnos con su trabajo más íntimo. Un verdadero placer no sólo para los oídos, sino también para el alma.

La velada comenzó con fuerza cuando Sully y su banda aparecieron interpretando una estupenda versión de “Sympathy for the devil” de Rolling Stone. Un tema muy acertado para calentar motores y que sirvió como aperitivo para dejarnos llevar por la envolvente “Avalon”, canción que le da título a su primer disco en solitario. Seguimos con “Take all of me” y nos estremecimos al escuchar las primeras notas de “7 years”,  tema que vino acompañado de varias imágenes de relojes y en el que pudimos disfrutar de una espléndida Lisa Guyer que demostró tener grandes tablas en el escenario. La banda se retiró y Sully se acercó al piano para deleitarnos con “Blue skies”, precioso tema de su último disco “Hometown life”. Sin embargo, fue “Sinner´s prayer” la que nos envolvió con su magia y misticismo, resultando uno de los puntos claves de la noche.

A continuación, Sully interpretó el tema más duro de su último disco, “Don´t confort me”, canción que según nos confesó durante la entrevista que le hicimos, es la que le hace sentir más vulnerable y expuesto ante el público. Seguimos con “Hometown life” y se nos saltaron las lágrimas con la preciosa y muy íntima “My light”, tema en el que se mostraron diversas fotos del cantante con su hija en las que se vislumbraba el afecto que ambos se profesan.

La noche siguió con el bonito tema “Father of time”, la exquisita “The departed” y una muy vibrante “Cast out (spirit ceremony)” en la que pudimos disfrutar de una Lisa Guyer totalmente fuera de sí que bailaba y se contorsionaba como si fuera a romperse en mil pedazos sobre el escenario al son de los bongos de Sully y acompañada por imágenes de hogueras y caras de diferentes tribus de indios. Después de bromear con el público de nuevo, Sully presentó “Eyes of a child” como “otro jodido tema depresivo”, ganándose al público con su buen humor y su divertida ironía.

Momento mítico de la noche fue cuando Sully y su banda interpretaron “Fallin´to black”, momento que el artista aprovechó para hacer homenaje a músicos fallecidos como Chris Cornell, Chester Bennington, Prince, Bowie y George Michael. Una muy emotiva canción que vino acompañada de multitud de imágenes de muchos artistas fallecidos, lo que hizo que el público conmovido no dejara de aplaudir incansable mostrando su respeto a todos y cada uno de ellos, independientemente del género musical.

A continuación, ya con la emoción a flor de piel, Sully nos volvió a emocionar con la preciosa “A different kind of tears”; estupendísimo tema que nos evoca a nuestra adolescencia y en la que Sully refleja perfectamente lo que supone el aprendizaje de los primeros golpes duros de la vida.

Pasamos a un plano más divertido cuando el cantante presenta a su batería y lo invita a hacer un muy impresionante a la par que divertido solo en el que éste aprovecha para tocar diferentes palos de música como indie, rock o disco. Además, cabe destacar la profesionalidad del resto de la banda,  así como la increíble simpatía del bajista, personaje carismático por excelencia. Una banda realmente entregada y que supo estar a la altura de este estupendo espectáculo.

Aprovechando este ambiente tan distendido que se había creado, la banda interpretó la muy pegadiza “Turn it up”, momento en el que Lisa Guyer  aprovechó para animar al público a tocar los palillos a son de esta canción que Sully ha hecho con la colaboración de su padre. Y regresando a un momento más solemne, nos regaló una preciosa cover de “Nothing else matters”, consiguiendo que el público se uniera a viva voz cantándola con él.

Como guinda del pastel, el artista interpretó otras dos estupendas covers: “Dream on” de Aerosmith y la estupendísima “Hey Jude” de The Beatles, momento en que el público se desmelenó totalmente y dió lo mejor de si para corear junto a Sully y los suyos. Exquisita y muy acertada forma de despedir un concierto que, sin duda, fue de diez y que nos trajo lo más íntimo y personal de un artista que dejó claro que tanto con Godsmack como en solitario tiene mucho, muchísimo que ofrecer.

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