Texto: Nati P Taviel de Andrade
Foto: Nati P Taviel de Andrade

Palabras como “calidad sobresaliente”, “directo excepcional” ó “belleza indescriptible” se quedan cortas para describir la experiencia vivida el pasado viernes.

Y es que el regreso de un muy carismático Daniel Gildenlöw al escenario y un inmejorable disco como es “In the passing light of day” ha sido la combinación perfecta para poder disfrutar de un tour que roza la perfección y una vivencia que todo melómano que se precie debe experimentar. Un obra de arte en forma de concierto que hay que contemplar y admirar en toda su sublimidad.

Comenzamos la noche de la mano de los suecos Port Noir, un trío de gran potencial que nos dejó con muy buen sabor de boca y que cumplió con las expectativas de un público agitado que moría de ganas por ver a unos Pain of Salvation en plena forma. Los chicos de Södertälje demostraron tener un buen directo y nos deleitaron con magníficas canciones en las que su vocalista Love Andersson pudo hacer gala de su preciosa voz, exquisitamente acompañada por la de Andreas Hollstrand, que resultó todo un acierto para los coros. Si bien Andersson no es el tipo más carismático del mundo, hay que apreciar el continuo acercamiento que tuvo con el público, pudiendo decir en definitiva que gozan de buenas cualidades para seguir creciendo tanto musicalmente, como en el escenario.

A continuación nos sumergimos en lo que resultó un viaje musical en toda regla. Con las primeras notas de una energética “Full throttle tribe”, un público más que entusiasta se dejó llevar para corear a la vez  “Will you follow me?” con Daniel y los suyos. Unos Pain of Salvation realmente espectaculares y luciendo una formación de diez, destacando un más que brillante Ragnar Zolberg que, sin duda, ha sabido dar otra dimensión a la banda. Un gran artista y compositor (recordemos que canciones como “Meaningless” y “Falling home” son originalmente suyas) que cuenta con un gran estilo y una voz que, si bien es menos masculina y adulta que la de Johan Hallgren, resulta muy potente y casa a la perfección con la de Daniel.

Seguidamente la banda tocó la portentosa “Reasons”, resultando especialmente cruda cuando Daniel “gritaba” las razones y siendo punto de impacto para la siguiente canción, “Meaningless”, donde el público pudo revolcarse en la desesperación que caracteriza este tema, así como en los potentes coros de Zolberg que nos dejaron la piel de gallina. Una interpretación fantástica con la que el público pudo disfrutar de algunos de los temas de este último disco.

Volvimos siete años atrás con un rockero  “Linoleum” (Road Salt One) y entramos en profundo trance con las primeras notas de “A trace of blood”, mítico tema que nos teletransportó al apoteósico Remedy Lane (2002). Seguidamente y sin apenas tiempo para recuperarnos de la emoción, una estupendísima y vibrante “Rope ends” nos desgarró el corazón y la desesperada voz de Daniel nos llevó al delirio, para luego culminarlo con un tercer tema de ese mismo disco, la enigmática “Beyond the pale”. Un viaje en el tiempo a un disco glorioso que rozó la sexualidad cuando, de golpe y porrazo, la banda interpretó “Ashes” (The perfect element, 2001) y un muy sexy Daniel Gildenlöw se relamía casi susurrando: “too depraved to stay alive, but too young to die…”.

Regresamos a su último disco con la preciosísima balada “Silent gold”, para luego bruscamente dejarnos arrastrar por la muy  potente “On a Tuesday”. Volvimos a hacer un salto en el tiempo con “The physics of gridlock” (Road Salt two, 2011), siendo el plato fuerte de la noche la maravillosa interpretación de “The passing light of day”, tema que Gildenlöw definió en su entrevista con nosotros como el más personal y vulnerable de todo el disco. Una canción absolutamente mágica; 15 minutos que son lo más parecido a tocar el cielo con las manos. Imposible describir la belleza del momento; los muchísimos sentimientos que despierta. Y tampoco pretendo hacerlo. Experiencias como estas, no deben ser contadas, sino vividas.
Después de esta experiencia, 2017 puede venir con cientos de conciertos. Probablemente serán estupendos. Maravillosos. Impresionantes. Pero ninguno tan puramente sublime.

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