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Texto: X.F. Remorse
Promotora: Madness Live!

Overkill es una banda que se conserva en gran estado forma tras casi 20 discos publicados y tras casi 35 años en activo, que se dice rápido. Evidentemente, pocas bandas de thrash se salvan de la “época crítica” del género, allá entre 1993 y principios de este siglo XXI, pero también es cierto que pocas de las que brillaron en su época dorada pueden presumir de estar tan bien como entonces y, por qué no decirlo, de sacar discos igual de buenos o incluso mejores que en los ’80.

Además, son una de esas bandas que pocas veces fallan en directo, y por una razón bien simple: porque se nota que lo viven. Los de “Blitz” Ellsworth, DD Verni y compañía aun parecen conservar ese entusiasmo de los primeros años, esa energía underground que, combinada con la profesionalidad y experiencia que tiene la banda, producen unos conciertos sobresalientes, llenos de calidad y energía. Y eso el público lo aprecia. Hay otras bandas que se ve que tocan con el piñón fijo, que son poco espontáneas en movimientos y parlamentos y que, aunque claven los temas, te da la sensación de falta de naturalidad y, por ello, de que tú, como público en ese concierto en concreto, eres “uno más”, igual que el del día anterior o el del día después. Con Overkill no pasa o, al menos, no pasó en su última visita a Barcelona, presentando su “White devil armory”, ni tampoco la anterior vez que les pudimos ver, en la sala Salamandra hace cuatro años y medio, presentando su excelente Ironbound, concierto del que pudimos dar buena cuenta AQUI MISMO

A pesar de ello, el concierto de Razz 2 creo que quedó un peldaño por debajo del anterior. No se me malinterprete. Fue un auténtico conciertazo y la gente lo disfrutó de lo lindo, con cánticos, mosh y toda la liturgia thrashera. Pero quizás porque se dio entre semana, quizás por la crisis (y es que no todo el mundo ya se puede gastar 5.000 de las antiguas pesetas en un concierto, especialmente si esta época es prolija en presentaciones de grandes bandas en vivo: hace poco Accept, en breve Kreator…y así un montón de oferta), o quizás porque el cartel era algo irregular (y es que el público joven thrasher poco se identificará con una banda como Prong, o incluso con Enforcer que, a pesar de ser speed, tira más hacia el heavy clásico, y menos con los powermetaleros progresivos Darkology). Por todo ello, la sala no se llenó, y yo calculo que habría unas 400 personas, algo menos que en su anterior visita.

prongLa velada la abrieron los tejanos Darkology, a los que no pudimos ver ya que en ese momento estábamos haciendo una entrevista a Blitz, de Overkill, que se publicará en breve en esta misma página. No nos perdimos a Enforcer, una banda de la que también aquí hemos reseñado su último trabajo y que ya está siendo habitual en nuestro país, desde que empezó a sonar con su segundo disco, Diamonds, y que ahora venía tras publicar Death by fire. Mucha actitud y un público bastante entregado, aunque no muy numeroso a esa hora (serían las 19:00 y habría unas 200 personas en la sala). Tocaron sus temas clásicos, llenos de rabia speedmetalera y cliché de heavy clásico y contentaron al personal con una actuación, que, con todo, fue demasiado corta: solo 30 minutos, muy escasos en comparación con el tiempo del que gozaría Prong, que superó de largo la hora.

Los de Nueva York, una banda clásica que siempre se ha movido bien en la segunda división del metal internacional, son un grupo bastante peculiar y con un estilo muy particular. No es una banda de thrash al uso, así que por ello no llamó la atención de más de una cuarta parte del aforo pero, eso sí, contó con algunos incondicionales que gozaron mucho de su actuación. Yo, sinceramente, los había oído poco y no me convencían. Pero en cambio, reconozco que disfruté mucho de su concierto, ayudado por el magnífico sonido de la sala, que no tiene nada que ver con lo que, por desgracia, nos acostumbra a brindar su “hermana mayor”, la grande de Razzmatazz.

El trío interpretó un repertorio clásico con concesiones a su último trabajo, y lo hizo muy motivado y compacto. La verdad es que Prong dio toda una lección de profesionalidad, con una compenetración total y dejando una sensación arrolladora, sobre todo porque solo son un trío. Muy poca concesión a la velocidad de sus primeros trabajos, con gran influencia crossover y hardcore (lo que hizo que no se ganara muchos adeptos entre la parroquia más netamente thrasher) y sí en cambio a la contundencia en temas lentos y medio tiempos de su última época, donde el líder histórico de la banda Tommy Victor llenaba el escenario mientras que el bajista Jason Christopher no paraba de moverse y el batería, el mexicano Arturo Cruz, demostró que puedes tocar metal pesado y lento con buen gusto, calidad y contundencia. Quizás el público que no los conocía echó en falta más rapidez, pero sus incondicionales gozaron de su groove, de su thrash evolucionado rozando lo industrial y, sobre todo, sus ganas y su actuación, compacta y, a la vez, desinhibida. Una lástima que la gran parte de los asistentes fueran con el manual del “true” en el bolsillo y con tantos prejuicios a la hora de escuchar una banda “moderna” que no pudieran disfrutar del show de Prong.

Y a las 21:35, puntualmente, empezó la actuación de los cabezas. Una actuación esperadísima. No en vano, como hemos dicho antes, a los de Nueva Jersey se les tiene un cariño especial y, aunque sus discos de los ’90 no es que destaquen especialmente (a toda banda de thrash clásica le vino la crisis creativa en esa época), Overkill es una banda que siempre ha creado su propio camino y, a su vez, nunca se ha alejado de las raíces thrashers, no como otras bandas coetáneas. Si a eso se le suma el carisma de su líder, la buena respuesta de crítica y público que ha recibido su último trabajo y que además era el primer concierto de la gira, los ánimos eran muy altos. Y la banda estuvo a la altura y no defraudó.

overkillSu repertorio se basó en combinar temas de sus últimos y celebrados tres discos, los que les han ayudado a apuntarse al carro del “renewal” del thrash (y contribuyendo a él, claro está), con sus temas clásicos de los ’80. El single de su último trabajo, Armorist, era el tema ideal para empezar: una canción rápida y con un estribillo coreable. Cuando la gente se esperaba algún tema más de este disco o de alguno próximo en el tiempo, la banda atacó inesperadamente con una tanda de clásicos: la canción “Overkill” y “Wrecking crue”. Curiosamente, y si no recuerdo mal, tocaron tres temas de su último trabajo, es decir, tres (la ya mencionada Armorist junto a Bitter Pill y Pig) como de sus dos anteriores cd’s, Ironbound y The electric age, destacando especialmente Electric Rattlesnake y Bring me the Night. La primera media hora fue explosiva, con mucho mosh entre el público, y luego el ritmo bajó algo, con el medio tiempo “Black haze”, el solo del magnífico Dave Linsk y otro medio tiempo, “Long time dying”, pero luego se volvió a animar con los temas rápidos de sus últimos trabajos, además de más clásicos de los ’80, como Elimination, de su “The years of decay”, despidiéndose con el habitual tema de cierre, “Fuck you”.

En definitiva, un concierto en el que la gente disfrutó mucho, porque el set list fue bastante del agrado de todo el mundo (buena elección de temas de sus tres últimos trabajos combinándose con sus clásicos ochenteros, como los antes mencionados, además de “Rotten to the core”, “Hello from the gutter” y “End of the line” –toda una sorpresa esta última- de los álbumes Feel the fire, Taking over y Under the influence), con una banda volcada y con un Blitz muy participativo y al que se le vio disfrutar. Si el concierto no fue de 10 fue por el pequeño bajón intermedio antes mencionado, además de los problemas que tuvo Linsk en la canción “Ironbound”, que le dejó sin sonido en su guitarra durante medio tema, y de la ausencia en su repertorio de canciones de los ’90 (excepto “Under one”, del disco WFO)… ni tan siquiera de su celebrado “Horrorscope”, y también ausencia de la que para mí es su mejor canción, el magnífico medio tiempo casi épico “In union we stand”. Pero no se puede tener todo. Una gran noche ideal para los amantes de los carteles eclécticos y con grandes bandas, muy entregadas en el escenario.

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