Texto: Mariano Bacigaluppi Beguiristain
Video: YouTube

Lo vivido anoche se escapa de lo simple o lo sencillo… Ver a Ludovico Einaudi en directo es una de esas experiencias que tienes una sola vez en la vida y que atesorarás por siempre… Va más allá de lo musical, que es grandioso… Va más allá del espectáculo lumínico, que pese a ser elemental es grandioso también… Es una experiencia que dispara directamente a los sentimientos, a los sentidos con ese combo músico-visual, que inclusive hace relevantes hasta los silencios… Desde el primer momento en que le conocí, siempre había ansiado verle en directo y hace poco más de doce horas, saldé esa deuda y mi mente aún sigue allí, en el Palacio Vistalegre, y con pocas ganas de volver a la cotidiana realidad…

El espectáculo se retrasó tres cuartos de hora, desconozco la razón, pero todo parece indicar que hubo un problema en las puertas, ya que siendo la hora a la que estaba programado el concierto (21:30hs) miles de personas aún estábamos fuera. Más allá de eso, finalmente con su comienzo a las 22.15hs, Ludovico Einaudi y sus seis músicos nos regalaron ciento veinte minutos de minimalismo musical, de exaltación sentimental llegando a las lágrimas en algunos casos y de grandiosa sencillez.

La delicada y sentimental Petricor fue la encargada de dar el puntapié inicial, acompañada de una perfecta oscuridad que prácticamente acompaño todo el concierto. Había una pantalla en el fondo del escenario, luces sobre el escenario, parrillas de luces en lo alto, pero la oscuridad sería quien reinara en la noche. The Tower sonó hasta psicodélica con esa guitarra acústica y eso xilófono para terminar con una explosión percusiva principalmente obra y arte del multiintrumentista Riccardo Laganà.

Night sonó sublimemente cálida y confortable, donde los violines y el violoncelo brillan por demás, aunque sinceramente lo harían durante toda la noche demostrando que la perfección musical existe. Las siguientes en sonar fueron Newton’s Cradle y Four Dimensions y con Elements se pudo presenciar la primera ovación total y unánime del recinto. A posteriori, el pianista italiano se quedaría a solas con sus teclas y desgranaría una magnífica Berlin Song y unas brillantes e inconmensurables Nuvole Bianche y Una Mattina donde ésta vez la ovación duró varios minutos.. Pero lo mejor estaba por llegar…

Divenire es de esas piezas musicales perfectas, completas, impecables e insuperables y os aseguro que no alcanzaría un diccionario de sinónimos completo para poder definirla con claridad. Es el correcto ejemplo de cómo la música puede transmitir sentimientos, estados de ánimo y en donde la sinestesia puede dejar de ser una patología y convertirse en cotidiana y como decía el grandísimo León Tolstói, la música es la taquigrafía de la emoción. Su interpretación fue un viaje, que hubiéramos deseado que fuera infinito, por la Vía Láctea y por mundos sin conocer, por las luces y las sombras pero sobre todo por cada pequeño recoveco de nuestra mente… Ovación de minutos que costó mucho cesar…

El viaje continuó con la fantástica Fly donde todos, mentalmente, nos subimos a ese coche a toda velocidad de la película francesa Intouchables y súbitamente se nos formara un nudo en la garganta, que tardaría en desamarrarse. Nueva ovación interminable que dio paso a Eros primeramente y seguidamente a Nightbook que también fue muy celebrada por todos los presentes.

Prosiguieron con la misteriosa Numbers y la espectacular Experience donde el violoncelista Redi Hasa hace un trabajo magnífico no sin olvidar al dúo de violinistas Federico Mecozzi y Mauro Durante. Fuori Dal Mondo hace honor a su título, cumpliéndolo al pie de la letra y para el final la elegida fue Choros. Final a medias, porque después de varios minutos de incesantes aplausos y vitoreos, los músicos volvieron a escena para decir finalmente adiós con una increíble interpretación de Eden Roc.

Vuelvo al comienzo cual uróboro… Ver a Ludovico Einaudi en directo es una de esas experiencias que tienes una sola vez en la vida y que atesorarás por siempre… Va más allá de lo musical, que es grandioso… Va más allá del espectáculo lumínico, que pese a ser elemental es grandioso también… Es una experiencia que dispara directamente a los sentimientos, a los sentidos con ese combo músico-visual, que inclusive hace relevantes hasta los silencios…

*** Muchísimas gracias a Naiara Egimendia y a todo el equipo de SYNTORAMA por habernos acreditado y habernos permitido vivir esta gran experiencia ***

 

 

 

 

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