Texto: Jorge Fretes

Ha sido todo un acierto por parte de la organización de Noise On Tour traerse su festival Kristonfest hasta Madrid. Está claro que lo suyo son los gustos de miras amplias, y a lo largo de los años han desfilado por sus carteles bandas como Gojira, Wolfmother, Crowbar o The Ocean, todas diferentes entre sí pero con un factor en común: hacer música inigualable.

Esta edición quisieron dedicarla a los sonidos más rockeros tirando para el calor del desierto, pero también hacia lo poco convencional, y es por ello que el pasado sábado pudimos ver en el mismo lugar a bandas tan dispares como únicas en lo suyo: Wovenhand, Crippled Black Phoenix, Wolf People, Greenleaf, Bongzilla y el gran John Garcia con un set centrado en toda su carrera musical. El temor no estaba en lo ecléctico de la oferta musical, sino en si La Riviera sería el lugar indicado para que todo sonase en el lugar adecuado.

Quitando algunos fallos que no hicieron de menos ninguna de las actuaciones de la noche, hay que decir que el sonido de La Riviera sí estuvo a la altura de un evento como el Kristonfest, y es que como decía un amigo durante el festival: “No hay que apretar ni subir tanto el sonido para que todo suene bien”. Con puntualidad alemana arrancaron los británicos Wolf People sobre las 18:30.

Puede que hayan sido la banda con la que arrancar el festival (decisión del propio público) y la que menos sonaba a las masas, pero todo ello se disipo con los primeros ritmos que descendieron del escenario y golpearon en el pecho a todos los presentes. Lo suyo no solo es calidad, sino cantidad. Pasaban muchas cosas a la vez: rock, kraut, algo de progresivo, melodías contagiosas y sobre todo una buena puesta en escena que multiplicó por dos el talento que iba sonando desde las tablas. Para sorpresa nuestra gran parte de la audiencia acudió a la cita por ellos, y es como una joya escondida ha sido toda una alegría poder disfrutar de su directo. El público tenía ganas, ellos tenían las tablas suficientes, la magia de sus canciones hizo el resto, además de esas magníficas “Not Me Sir” y “Kingfisher”. Apuntaros este nombre: Joe Hollick.

Los americanos Bongzilla fueron los siguientes, y como si de otro festival se tratase nos trasladaron a lo más cavernoso del stoner fumeta, de largas intersecciones, ritmos muy lentos y canciones que se cuecen a fuego lento. La luz verde reinó durante todo su set, no fueron pocas las veces que pidieron al público que si tenían marihuana o hachís se acercasen a su puesto de merch, e incluso su frontman dio la nota al fumarse un canuto con las fosas nasales de la nariz (¿alguien ha dicho redneck?) ¿Y en cuanto a lo musical? Pues lo de esperarse: venían de dar un gran espectáculo en el Roadburn holandés, y aquí no iban a ser menos. Para quienes no están metidos en lo suyo podría resultar tedioso y pesado (especialmente con el alargamiento de las canciones), pero una vez que pillas su rollo sabrás que han dado un show sin pegas (dentro de lo suyo). Mención aparte para su gran batería, quien se roba casi todo el espectáculo dándole dinamismo en directo. “Keefmaster” ¿Hay que decir más?

Y llegó el momento para la verdadera sorpresa de la noche: Crippled Black Phoenix. Era su primera vez en España y daban un show en exclusiva en el festival. Habíamos escuchado sus canciones en estudio, pero en directo cogen una perspectiva totalmente diferente, mucho mas atmosférica y participativa. A pesar de los pequeños problemas de su guitarra en una parte del set, lo suyo fue llegar y conquistar. Supieron manejar al público a su antojo, ya sea con anécdotas sobre las hamburguesas “veggies” del McDonalds, con agradecimientos constantes, coros dirigidos al público, y hasta un inesperado stage diving de su guitarra (sin contar con ese intento de circle pit en el aceleramiento desmedido de uno de sus temas). Una de las bandas más oscuras y lúgubres del cartel (sino que se lo digan a su corista), pero que mas aplausos y sonrisas arrancaron. Se merecen una gira por salas, lo suyo está a otro nivel y puede apelar a bastante público. Nuestras favoritas: “Scared And Alone” y “Born In A Hurricane”.

El reverendo David Eugene Edwards (Wovenhand) era otro de los grandes atractivos de la cita, y aunque justo antes del inicio de su actuación fue cuando finalmente se pudo salir fuera de la sala, muchos decidieron quedarse para presentación el ritual del chamán. Gran parte es la mística que rodea al personaje, y gran parte el sonido que consigue con esos efectos en el microfóno, esos ropajes en el pie de micro, ese sombrero, y su gran destreza para hacer lo de simple algo que gusta a niveles insospechados. Fue una actuación correcta, pero es que correcta en el universo de Wovenhand es una actuación muy destacable para otros. No estuvieron todas las canciones que tenían que estar, pero la banda que lo acompañaba supo darle el protagonismo a su líder como para brillar encima de esas luces rojas y las arengas del público. ¿Quién no se puede rendir a temas como “The Hired Hand” o “Five By Five”?

John Garcia cerraba su gira europea justamente en Madrid. Ya tiene sus años, los bailecitos son cada vez menos, y venía de realizar enormes actuaciones en los Desertfest de Londres y Berlín ¿Estaría todavía con combustible suficiente para nosotros, o el cansancio ya haría mella en la leyenda? Nada de eso, se sabía favorito en un cartel que llevaba su nombre en letras grandes, y salió a matar con “Gardenia”. 20 segundos y todo el público estaba rendido a sus pies.

La banda que lo acompaña responde bastante bien, no serían Brant Bjork, Josh Homme o Scott Reader/Nick Oliveri, pero la guitarra sonaba con la distorsión perfecta, la batería llevaba un ritmo alucinante, y por sobre todo el bajo hacía más de lo que hacían Kyuss en sus años mozos. La voz de Garcia se conserva, y según el público iba subiendo la temperatura con temas como “One Inch Man” o “El Rodeo”, él se animaba a contonear más las caderas a la vez que derrochaba talento y carisma a partes iguales. Era su festival y lo sabía, y aunque le lluevan las críticas del sector más antiguo del género (o se equivocase presentando hasta tres veces “Kentucky”), nadie puede negar que la gente gozó con su directo…al igual que él gozó de un merecido baño de masas. Solo tenemos dos palabras para vosotros: “Green Machine”. Bueno, y esa versión de “Kylie” en eléctrico. Ufff

Y para cerrar la noche quedaba el dulce sueco: Greenleaf. Daba igual que fuesen más de las 2 de la mañana, todos sabíamos que darían un concierto de quitar el hipo, y no nos defraudaron. Ni siquiera en las canciones más lentas quisieron bajar el pie del acelerador, y todo fue una fiesta en donde era imposible no levantar el puño, mover la cabeza, o aplaudir como idiota. Una dilatada carrera les ha llevado a tener esa soltura de las bandas grandes, el escenario es su hábitat natural, y con desparpajo fueron desgranando canción tras canción mientras los decibelios iban subiendo y el público pedía más. Merecían estar más arriba en el cartel, todos lo sabíamos, pero son el tipo de banda que trabaja duro ya haya 20 personas o 200. Un concierto de 10 para enmarcar, nosotros nos quedamos con “Mother Ash” o “Howl”, donde aullamos como auténticos lobos.

Y así se acababa la primera aventura madrileña del Kristonfest. Muy equilibrado y con buen sabor de boca. Siempre habrá alguien que se queje por detalles menores, pero nunca se podrá hacer un festival para todos los gustos. Algunas cosas puntuales por mejorar (¿una fiesta Jager sin chupitos de Jager?) pero en líneas generales todo un éxito que esperemos se repita cada año.

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