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Texto: Mariano Bacigaluppi Beguiristain
Fotos: Óscar Lafox (WIZINK CENTER)
Videos: Youtube

Con el cartel de SOLD OUT, colgado en taquillas y decenas de personas persiguiendo una entrada hasta instantes antes del comienzo del concierto, me dispuse a entrar al madrileño WIZINK CENTER (una vez más).

Pillé a Depeche Mode en la escena musical cuando llegaron a la cúspide de la fama, y personalmente diría que también a la cumbre compositiva. Es decir, a finales de los ochenta y principios de los noventa. En aquella época sonaban en la radio, en la TV, en los bares y discotecas, en infinidad de coches y en casi todos los walkmans* de los adolescentes de la época (*si eres un milennial sigue el link para saber de lo que estoy hablando). Esa mágica época, englobada entre los discos Music For The Masses (1987) y Songs Of Faith And Devotion (1993), fue realmente grandiosa, gloriosa y con una grandísima calidad.

Más de veinte años han transcurrido y después de haber presenciado las exactas dos horas de concierto que ofrecieron, el pasado sábado 16 de diciembre de 2017, se podría decir que sus canciones más famosas fueron las que reventaron la noche, convirtiéndose en delirio generalizado con varias de ellas, pero a contrapunto el resto de canciones fueron prácticamente ignoradas por los diecisiete mil asistentes.

La velada dio comienzo con la banda londinense Pumarosa que ejercieron de teloneros de una manera más que digna, con un sonido Indie-Pop Electrónico y con su vocalista Isabel Muñoz-Newsome sobresaliendo entre los demás e incluyendo en su repertorio una canción en español llamada La Guarida Del León. Además de ella sonaron la profunda Priestess y Dragonfly. Estuvieron cerca de media hora y se despidieron con un efusivo e interminable agradecimiento a los headliners por haber contado con ellos.

21:30hs, y con puntualidad inglesa, y a posteriori de que sonara por la PA Revolution de THE BEATLES y la canción propia Cover Me, la banda formada en el condado de Essex se hizo presente en el enorme escenario y arropados con dos pantallas horizontales que no descansarían ni un solo segundo durante los ciento veinte minutos que duró el concierto.  Going Backwards, de su última entrega discográfica, fue lo primero que sonó y seguidamente se explayaron con It’s No Good y Barrel Of A Gun (ambos rescatados directamente del Ultra).

Tras un breve paseo por el disco Playing The Angel, con A Pain That I’m Used To y Precious, y con Useless, también del Ultra, intercalada viajaron directamente hasta el larga duración más laureado de su carrera, Violator, y se marcaron una grandísima World In My Eyes. Una vez más, volverían a lo último de su discografía con Cover Me y nuevamente se trasladarían al disco Ultra, y ésta vez con el multi-intrumentista Martin Gore adueñándose del micrófono y fabricando una espléndida versión acústica de Insight con tan sólo el piano de acompañamiento.

Nuevamente ya con Dave Gahan como frontman volverían, una vez más a Ultra, para interpretar la melancólica Home que fue coreada por todos los asistentes en sus compases finales, por unos buenos minutos. In Your Room sería la próxima en sonar y otra vez volverían a su presente sonoro con Where’s The Revolution que fue, sin duda alguna, la que mejor recepción tuvo de sus nuevas canciones.

El momento de la noche estaba por llegar… Y fue de la mano de la magnífica y estupenda Everything Counts. Con muchísima diferencia fue la más cantada, vitoreada y festejada por todo el público. El estribillo fue cantado hasta la saciedad, aún incluso después de concluida la interpretación de la banda y durante varios minutos… Caras de felicidad en los asistentes… Caras de felicidad en la banda… Todo ese testimonio guardado en mis retinas y espero que por mucho tiempo…

Un nuevo recuerdo al disco Songs Of Faith And Devotion vendría de la mano de Stripped y, a posteriori, llegaría otro momento para el recuerdo con un dueto realmente magnífico: En primera medida la ultra-conocida Enjoy The Silence y seguidamente la mítica Never Let Me Down Again. Con esto la banda desaparecería del escenario… Al menos por unos instantes…

De vuelta en el escenario, y nuevamente con Martin Gore al micro, Strangelove sonaría de manera acústica con el piano como acompañante. La última llamada al Songs Of Faith And Devotion se daría con Walking In My Shoes que fue muy bien recibida y aplaudida con un tremendísimo trabajo del batería Christian Eigner. La añeja A Question Of Time, diría presente, y ya para terminar por todo lo alto la infaltable Personal Jesus.

La banda se retiraría del escenario y, pese a la resignación de todos los presentes, sería el final. Me pareció un buen concierto, pero no excelente para que se me quedara tatuado en mi memoria. Quizás esperaba escuchar más canciones antiguas tales como Just Can’t Get Enough, People Are People, Policy Of Truth, Master And Servant o mi favorita de la banda I Feel You, canciones que encumbraron a la banda y la hicieron mundialmente famosa

 

 

 

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