Texto: Mariano Bacigaluppi Beguiristain
Fotos: Iria Lage

La anterior vez que los suecos BLUES PILLS, ya en un algo lejano 2014, visitaron Madrid no pude asistir a la cita y curiosamente aquella noche la impresionante vocalista Elin Larsson, no saltó al escenario por problemas de salud así que esta era una oportunidad ineludible, más aún si la venida era en compañía de los noruegos PRISTINE.

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Creo que la mejor forma de definir lo vivido, es hacer un paralelismo espacio-temporal en que coger mi coche y desplazarme hasta la abarrotada Sala Caracol se convirtiera en subirme al Delorean y vagar indomesticablemente hasta la década de los setenta y empaparme de todo el Rock, el Blues y el Soul que pude. ¿Veredicto? ¡Misión cumplida!

PristinePRISTINE llenó el escenario de su Rock/Blues de manera perfecta, el magnífico empaste entre la genial vocalista Heidi Solheim y el guitarra Espen Elverum Jakobsen se hizo notar en los casi cuarenta y cinco minutos que duró su presentación, aunque sin lugar a dudas la vocalista es quien se lleva todos los aplausos y las ovaciones por la sencilla manera que tiene de enloquecerse tablas arriba y transmitir ese delirio a todos los presentes. Basaron principalmente su actuación en sus dos últimos discos (No Regret [2013] y Reboot [2016]) y el puntapié inicial lo dieron con “Carry Your Own Weight” y continuaron con la enérgica “California” y posteriormente blusearon a lo grande con “Don’t Save my Soul” donde todo el poderío vocal de Heidi quedó al descubierto para el éxtasis generalizado de todos los presentes.

Para éxtasis lo vivido con “Bootie Call” que desde su comienzo con el cencerro hasta el final con ese desgarrador grito hizo vibrar a cada uno del público, seducidos por la contundente base rítmica y la demoníaca voz de Heidi Solheim. Rebuscando en su tercer disco aparecieron “She Won” y la magnífica “Tell Me” en donde todos los presentes acompañaron con palmas y con efusivos alaridos a la hora del pegadizo estribillo. Prosiguieron con “Derek” con Heidi provista de un cencerro el cual aporreaba dejándose la vida en ello y para la despedida la elegida fue la melancólica “All I Want Is You” con clarísimas influencias de The Doors y Led Zeppelin. La conclusión es clara, conciertazo absoluto banda y público entregados al máximo y a seguir de cerca a estos noruegos en sus próximas entregas discográficas y sus giras.

Cuando los presentes ya estaban un poco alborotados e inquietos por el deshabitado escenario, los suecos que todos estábamos esperando empezaron a poblar el tablado en penumbras pero la luz se hizo pronto, principalmente cuando la garganta de Elin Larsson empezó a vociferar, a emocionar, a enamorar… La psicodélica “Black Smoke” fue la seleccionada para el comienzo. El bajo de Zack Anderson es una auténtica muralla sónica, la guitarra de Dorian Sorriaux son añejas pinceladas provenientes directamente de los setenta, pero para mi gusto los pilares fundamentales de la banda están distribuidos entre las furiosos y sincopados ritmos de André Kvarnström y la magia de Elin Larsson que durante todo el concierto no paró se sonreír, de agradecer al público y de emocionar a raudales. La carrera continuaría con “Bliss” y con la mística “Astralplane” donde el Blues brillo en cada pequeño rincón de la sala… Vellos erizados en cantidades industriales.

Blues PillsCon “No Hope Left For Me” el Blues se entrometió en el Soul y eso sumado a la pasional voz e interpretación de Elin Larsson crearon uno de los mejores momentos de la noche, aunque sería injusto no nombrar al terrible solo que se marcó Dorian Sorriaux. La primera versión de la noche haría su aparición con “Gypsy” original de Chubby Checker de principios de los 70s, pero la banda sueca, pese a conservar su esencia, lo llevaron a su terreno psicodelizándola y el resultado no fue otro que una nueva alucinación colectiva.

“Dig In” hizo bajar un poco los decibelios y con ello la vuelta al Rock más Bluesero y ácido. La segunda versión no se hizo esperar y vino de la mano de “Elements And Things”, original del sureño Tony Joe White y en donde la estrella principal no fue otro que el guitarrista de origen francés, Dorian Sorriaux. Vendría otro de los momentos álgidos de la noche y sería con la sensacional y frenética “High Class Woman”. Un legítimo y genuino compendio de perfección sonora, emocionalidad y embeleso psicodélico. Permanecerían en la carretera sónica con “Ain’t No Change” y después de interpretar la conmovedora, a la vez que desgarradora, “Little Sun” se despedirían del escenario. Aunque no por mucho tiempo…

A los pocos instantes tan sólo volverían vocalista y guitarrista para interpretar la acústica y ensoñadora “Yet to Find”. Ya con la banda al completo, la blonda cantante, anunció que el siguiente sería el último tema de la noche y, obviamente, éste no podía ser otro que “Devil Man”. La mejor despedida de todas las despedidas y con el público gritando a todo pulmón el estribillo una y otra vez hasta el fin.

Noche perfecta y redonda con dos bandas con un futuro más que prometedor y espero que, tal y como ha dicho la vocalista sueca, vuelvan después del verano ya con un nuevo disco y nuevas canciones bajo el brazo.

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