Por Nekrokosmos

Los humanos han tenido siempre un complete e infundado terror a las artes oscuras, y es por eso que a lo largo de la historia han perseguido, torturado, quemado, y tratado de ocultar todas las pruebas de su existencia. La primera película del director irlandés Liam Gavin es una gran apuesta por las artes ocultas, con mucha atmósfera y con una historia centrada en dos personajes…no le hace falta nada más.

Es el propio Gavin quien también escribe la historia, que gana muchos enteros gracias a la gran actuación de Catherine Walker quien interpreta a una madre que se muda a una zona rural de Gales para intentar contactar con su hijo muerto a través de un largo ritual guiado por un profesional de las ciencias ocultas (Steve Oram).

Esa es la historia con la que intentan vendernos esta película de terror que encierra mucho más y que con muy poco consigue atrapar nuestra atención, ya que no apelan a las técnicas del gore o de lo brutalmente pornográfico. Lo adivinaste, es más una trama psicológica que une este mundo y el siguiente en un halo de misterio y sufrimiento.

Puede que la película trate sobre magia y rituales, pero la verdadera magia reside en cómo está construida. Un estilo y ritmo únicos que imitan los latidos de sus personajes, un tiempo récord para grabar (a lo largo de 20 días en los alrededores de Dublín), y también ese regusto underground con sus imperfecciones y su irregularidad. Es el típico film con un final inesperado (o no tanto) del que cuando ocurre te das cuenta de todo lo que ha pasado antes en la historia.

La película intenta romper las barreras de lo físico y de lo psicológico de una manera tan única que hace que no lo podamos relacionar a ningún otro film. El director ha hecho un gran trabajo en poner siempre en duda la moralidad y las verdaderas intenciones de los dos personajes principales de la historia. Ese ensueño de la magia inofensiva se rompe con “A Dark Song”, donde se muestra la brutalidad y lo amenazante de este arte y por primera vez en pantalla con toda su crudeza.

Ray Harmon consigue con su banda sonora que todo sea más trepidante, un novato Liam Gavin aporta uno de los cortes más originales de los últimos años, y poco a poco te das cuenta que en realidad esta obra se trata de una puzzle sin solución. Al final del día funciona mejor como drama que como terror, pero es espeluznante.

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